sábado, 29 de enero de 2011

El valor de nuestro voto.

Desde que comencé a interesarme por los asuntos de la política, he escuchado un sinfín de razones que pretenden explicar por qué la gente, en particular los jóvenes, no participan en los procesos electorales. Y cuando digo participa, me refiero al sencillo hecho de votar el día de los comicios por un candidato determinado, lo que hace del abstencionismo la norma y no la excepción.

Lo irónico del asunto es que nos hemos metido en un círculo vicioso del cual sólo se beneficia ese sector de la clase política, cuya estructura corporativa le permite manipular bloques enteros de votantes que, sin importar las virtudes o defectos del candidato al que apoyan, emitirán su voto a favor de éste, a cambio de dádivas, premios o peor, bajo la amenaza de perder su trabajo si no gana el sujeto en cuestión.

Hay explicaciones para todo, diría mi abuelita, y a mi se me ocurre que una de las que “justifica” en parte el abstencionismo, es que no hemos dado a nuestro voto el justo valor. Creemos que un voto, no hace ninguna diferencia frente a los tantos miles que se necesitan para ganar la elección. Una percepción, que si me permiten decirlo, refleja también el poco valor que nos damos como ciduadanos.

Si no logramos cambiar esta percepción, jamás saldremos del bache en el que nos encontramos.

¿Alguna vez han pensado por qué los políticos hacen todo tipo de marometas para ganarse nuestro voto? Para mi la respuesta es muy clara: porque en nuestras manos está su futuro político y saben que somos nosotros quienes, en última instancia, decidimos y/o castigamos sus gestiones y actitudes.

El voto es tan importante que, creo, ni siquiera tiene un valor monetario. Fortunas enteras se gastan hoy en Guerrero para la compra de votos, y aún así, basta que un sector de la cidudadanía decida apoyar a otro candidato para que todo ese dinero se vaya derechito a la basura, porque como dirían por ahí, en política, lo barato se compra con dinero.

Este domingo salgamos a votar. Si estamos conscientes que somos nosotros quienes decidimos y no los candidatos y/o partidos, no hay forma de que pueda alterarse la voluntad de la ciudadanía.

Yo quiero un Guerrero en paz. No quiero más violencia. No quiero más juego sucio. No quiero más transa, ni corrupción, ni inseguridad. Suficiente ha sido lo vivido en Acapulco y este es un buen momento para ponerle un alto.

En Guerrero, hoy tenemos la oportunidad de hacer valer nuestra decisión para crear ese entorno de tranquilidad que permita un desarrollo sano y próspero.

¡Hasta la próxima!

lunes, 24 de enero de 2011

El dilema de la guerra sucia.

Basta observar cómo se lleva a cabo la dinámica electoral para darse cuenta que un componente presente en las estrategias de casi todos los candidatos a puestos de elección popular, es la llamada guerra sucia mediática, que no es otra cosa que el intento de sacar a la luz pública los trapitos del adversario para desacreditarlo ante la gente.

En Guerrero acabamos de vivir un intento de este tipo por parte del equipo de Manuel Añorve -filtraron a los medios una llamada  interceptada por sus espías entre Aguirre y una senadora de Zacatecas- y que, creo, ha demostrado que este tipo de tácticas ni perjudica al adversario, ni modifica mucho las preferencias de la ciudadanía y, tal vez, termina por rebotar como búmeran contra quien hace uso del descrédito como arma electoral.

Digo esto porque a pesar de la intensa campaña de promoción que llevaron a cabo los priístas, en claro acuerdo con la gente de Televisa, en particular Joaquín López Dóriga, y que por momentos rayó en una suerte de spam corriente, hoy se publica una encuesta de El Universal en la que la diferencia entre los candidados punteros se abre aún más, quedando atrás Manuel Añorve y marcando una tendencia que parece irreversible.

La pregunta que deben hacerse los asesores de los candidatos, es si vale la pena gastar tiempo, dinero, esfuerzo e ideas para destruir, en lugar de construir. Es decir, si no es mejor plantear estrategias que promuevan los rasgos positivos -si es que los tiene- del bando que apoyan, en lugar de buscar cómo derribar la credibilidad del contrario.

Admito que no soy experta en temas de consultoría electoral, pero de la simple observación y la experiencia personal, puede inferirse que son preferibles las personas que proponen, crean, construyen, antes que los individuos destructivos que sólo ofrecen desorden, violencia e intolerancia.

¿Ustedes qué opinan?

miércoles, 19 de enero de 2011

Una petición para todos.

Toda opinión, todo comentario, todo texto, tiene una carga subjetiva. No se necesita ser un genio para saber que desde el momento en que se escogen las palabras para expresar una idea, éstas, de origen, vienen permeadas del bagaje cultural y las intenciones de quien las escribe o las pronuncia. Es inevitable. De manera que cuando se exige objetividad, realmente se exige un imposible.

Digo esto porque estoy convencida que hacen falta más voces auténticas y honestas que no se escondan detrás de discursos académicos, notas periodísticas u opiniones de expertos analistas. Gente de verdad que reflexione y diga o publique lo que piensa.

Se me ocurre que éste es un buen paso para romper la falsa idea de que ser honesto es igual a ser imparcial. Ser honesto es actuar de buena fe, siendo fiel a lo que se siente y se piensa, no condicionado por aplausos, reconocimientos o dinero. Ser honesto no exime del error, pero sí de la farsa y la mentira.

Desde que comencé este blog, acepto que he sido crítica hacia Manuel Añorve, pero también agrego que son obvias razones que lo explican: su administración como presidente municipal de Acapulco dejó mucho qué desear. Una inseguridad galopante, falta de agua, baches, además de la deuda grosera que nos hereda (1000 millones!), son sólo algunos de los problemas más evidentes, visibles, que la gente comenta y que son imposibles de ocultar.

¿Qué no se supone que él prometió, si no resolver, cuando menos minimizar los problemas que hoy están sin control en Acapulco? Aquí no hay de dos sopas. Culpar a otros, demuestra incompetencia e irresponsabilidad.

Estos días son determinantes para el futuro de Guerrero y tal vez, de México. Estamos por elegir, más que a un gobernador, la posibilidad de crear un entorno pacífico, vital para el progreso de nuestro Estado. Si no, vean lo que pasa con el turismo cuando la violencia se impone.

Ante esta realidad, a mi me brinca la alarma al ver que día a día es más evidente la presencia de grupos de choque que, auspiciados por un sector del PRI, pretenden instaurar un clima de miedo generalizado para inhibir el voto y descarrilar la elección.

Respeto a la gente de todos los partidos porque, antes que nada, somos guerrerenses. Hoy me gustaría pedir a todos ellos que, como ciudadanos, hagamos un ejercicio de reflexión sobre las implicaciones que tiene la llegada al poder de grupos que con tal de alcanzar sus ambiciones personales, son capaces de herir a su propia gente, a la gente de Guerrero.

Si hoy se recurre a la violencia para obtener el poder, ¿qué garantía tenemos de que no se usará para imponer decisiones o para perpetrarse en el poder? ¿Qué pasa si mañana es alguno de nosotros quien “estorba” para llevar a cabo planes y proyectos?

Dije en un post previo que los candidatos son personas no partidos. Y lo dije porque es nuestra obligación ver los resultados de sus gestiones como gobernantes, así como los grupos de los que se rodean y el tipo de política (conciliadora o de claro enfrentamiento) a la que apelan.

Sólo así podremos evitar que el aplauso que hoy les damos, mañana no se convierta en un grito de auxilio y arrepentimiento.

Ustedes qué opinan.

viernes, 14 de enero de 2011

Oportunidad perdida.


En estos días ha sonado por todos lados el caso de la agresión al representante del PRD ante el IEEG, Guillermo Sánchez Nava, por parte de grupos simpatizantes de Manuel Añorve. Un hecho deplorable que sólo enturbia más la frágil convivencia electoral que hoy se vive en Guerrero.

Al observar las declaraciones y acusaciones de los actores involucrados, me quedó muy claro que los priístas perdieron una buena oportunidad para demostrar (si es que lo tenían contemplado) que realmente les importa generar un clima de paz que beneficie a todos.

Y digo que la perdieron porque en lugar de aceptar que hay grupos violentos en sus filas y mostrar públicamente su intención de no tolerarlos, se atrincheraron, tibiamente trataron de deslindarse (aunque el teatro se cayó con la nota que publicó El Sur de Acapulco), y lo más triste, intentaron levantar a través de sus simpatizantes todo tipo de contra-acusaciones que iban, desde inventar falsos complots, hasta apuntar al “uso político” del acontecimiento, olvidando que esto no es una tragedia medio ambiental, sino una clara agresión por parte de miembros de su campaña contra personal del bando contrario.

Todavía hoy, al momento de escribir estas líneas, leo en Twitter a simpatizantes del PRI que en lugar de condenar la agresión, buscan desviar la atención descalificando a Ángel Aguirre por comentar el estatus de la situación médica de Sánchez Nava. Lamentable.

Pienso que el PRI perdió una buena oportunidad porque, si bien la dirigencia de este partido parece solapar tácticas violentas para ganar la elección, no dudo que existan simpatizantes del mismo que no están de acuerdo con su uso, e incluso las condenan, y para quienes hoy no son estos los cuadros políticos que los representan.

Desde que comencé a escribir este blog, dije que como ciudadanos deberíamos dar la estafeta para gobernar a aquellos que ofrezcan niveles mínimos de armonía y paz que son básicos para lograr sociedades prósperas. Hoy esto me queda más que claro.

¿Ustedes qué opinan?

sábado, 8 de enero de 2011

Propuestas que administran la pobreza.

Que en México tengamos más de 50 millones de personas en pobreza extrema, y al mismo tiempo, a uno de los tres hombres más ricos del mundo, es señal de que NO hemos hecho las cosas bien. Vivimos en un país de una riqueza extraordinaria, pero de una desigualdad exorbitante.

A diario escuchamos discursos que en teoría reflejan una de las intenciones que con más ahínco enarbolan casi todos los políticos y que pocos se atreven a cuestionar: la lucha contra la pobreza. Cualquier comentario en sentido contrario se condena de inmediato, amén del rosario de etiquetas que se le cuelgan a quien lo emite.

Lo interesante es que si nos atrevemos a observar con ojo crítico las políticas, acciones y propuestas de gobernantes y/o candidatos en esta materia, queda claro que muchas de ellas no pretenden resolver el problema de fondo de la pobreza, sino sólo brindar placebos que generen un alivio temporal, pero que eso sí, otorgan buenos réditos en materia de popularidad a quienes las aplican. Después de todo, a quién le dan pan que llore.

De manera perniciosa, muchos candidatos recurren al ofrecimiento a mansalva de productos, subsidios e incluso dinero, con tal de ganar voluntades, pero jamás de resolver el fondo de los problemas que aquejan a los ciudadanos que pretenden gobernar.

Como resultado, han brotado amplios sectores dependientes de las dádivas gubernamentales, generalmente susceptibles a ser manipulados según el beneficio que se les ofrezca elección tras elección. Así, ¿a qué político puede interesarle tener sociedades con una predominante clase media que generalmente es más crítica del quehacer público?

Propuestas que sólo administran la pobreza, son las propuestas que convienen a una amplia parte de la clase política que nos gobierna o pretende hacerlo.

La pregunta para nosotros es si estamos dispuestos a seguir solapando este tipo de políticas o apostamos por quienes, más que otorgar dádivas, buscan generar las condiciones que permitan a la ciudadanía tomar las riendas de su propio desarrollo.

¿Ustedes que opinan?

sábado, 1 de enero de 2011

Las cosas están cambiando.

Empieza un año más y quiero dedicar este post para hablar de lo que considero es el primer paso importante para el futuro político de Guerrero: la elección que tendremos el próximo 30 de enero.

Mucho he visto, leído y escuchado sobre los candidatos que contienden por la gubernatura. Desde publicidad excesiva, periodicazos, escándalos, bajas descalificaciones hasta halagos desbordados, la actividad es variada, y como en todo proceso electoral, cargada de pasión y sentimiento.

Podríamos pensar que no hay nada nuevo en esto, sin embargo, creo que en Guerrero comienzan a mostrarse los primeros síntomas que indican un cambio de la sociedad frente a los políticos y las campañas. Las cosas están cambiando y no muchos parecen darse cuenta.

Cada quien está en libertad de defender al candidato que mejor represente sus intereses personales. Eso es válido y debe respetarse. Lo que deben considerar quienes públicamente promueven su causa, es que tal vez el personaje por el que apuestan no ganará, y mañana ese adversario, será quien los gobernará.

Pueden inundar la red de publicidad y personas falsas que sólo dicen cosas buenas de sus candidatos (que honestamente nadie cree), pero no pueden engañar el sentir de esa mayoría que sabe lo que cada uno de ellos ha hecho y representa.

Para mi es muy claro que la gente inteligente es la que observa a los candidatos sin el color del partido que los arropa. La gente que sí piensa ve sus resultados, sus comportamientos y actitudes, pero sobre todo, se da cuenta del tipo de personas e intereses que rodean a cada uno de los que hoy quieren ser gobernadores, porque ahí descubre el tipo de gobierno que le esperará.

¿Ustedes que opinan?