sábado, 30 de octubre de 2010

Los candidatos son personas, no partidos.


¿Alguna vez se han preguntado por qué es que alcanzamos niveles tan elevados de violencia verbal cuando hablamos de política? Para mi, la respuesta es sencilla: porque nos importa. No hay más. De otra forma, hablar de ella sería un asunto indiferente.

Intentando hacer un ejercicio de observación, esta semana me dediqué a contemplar lo que la gente discute en Twitter. Los temas, tonos y colores de las discusiones en torno a los asuntos políticos me resultaron por demás interesantes, y me pusieron a pensar sobre las posibilidades que tenemos para entablar un diálogo constructivo que contribuya a proponer antes que a descalificar.

Al observar-leer algunas discusiones, se me ocurrió que a partir de los argumentos que esgrimen fanáticos y seguidores, es posible tener una idea aproximada del tipo de campaña que llevan a cabo los candidatos y sus equipos de asesores y operadores, además, por supuesto, del perfil de quienes pretenden alcanzar la gubernatura.

Desde luego, este post no da para comentar el tema con más profundidad (eso lo haré más adelante), pero sí me da la oportunidad de poner sobre la mesa una declaración personal, previa a la discusión que pretendo desarrollar en los próximos días.

No voy a negar que al día de hoy mi análisis puede ser parcial porque considero que la pésima administración de Acapulco por parte de Manuel Añorve, tiene al municipio hecho un total desastre, pero confieso que observar a sus seguidores promoverlo me da un poco de lástima. Verlos defender lo que a mis ojos es indefendible, me llevó a preguntarme hasta qué punto somos conscientes que, al votar, realmente elegimos a personas, antes que a partidos.

Hoy importa más la gente, antes que la etiqueta partidista que pretende arroparlos. Esto implica que más allá del color y la ideología, nuestra obligación es ver a los candidatos como personas. Ese puede ser, creo, un primer paso para alcanzar la independencia de criterios, pensamientos y creencias propios, que nos permitan cuestionarnos a nosotros mismos, cuestionar a los otros y cambiar las cosas.

Todos somos ciudadanos. Incluso los que gobiernan.

Hasta el próximo post.

martes, 19 de octubre de 2010

A raíz del agua...


El problema del agua en Acapulco, para tristeza nuestra, comienza a convertirse en rutina.

Declaraciones entre bandos políticos van y vienen. Unos acusan, otros se justifican. Mientras tanto, en medio del mar de notas, estamos los ciudadanos padeciendo un problema real para el que se nos pide silencio y según sea el caso, un apoyo electoral que sólo nos convierte en cómplices de los malos manejos que hoy padecemos en Acapulco.

¿A quién se le reclama por la pésima administración en este tema? ¿A una autoridad municipal más preocupada por sacar adelante a su candidato? ¿No se supone que son los que elegimos quienes prometieron hacer todo lo posible por brindar mejores condiciones de vida de la gente?

Por un momento, intentemos dejar a un lado la filiación ideológica y/o la preferencia partidista, y preguntémonos si es justo que como ciudadanos padezcamos una problemática que no debería serlo si existiera una correcta gestión de los recursos que año con año recibe el municipio.

En estos tiempos de pasión electoral todo alegato tiende a interpretarse como partidista, pero yo creo que ver los problemas que nos aquejan desde la lógica meramente electoral es negarse a aceptar una realidad que está a la vista de todos y para cuya comprensión no es necesario ningún análisis profundo o detallado. Qué cierto es aquel dicho que dicta: no hay peor ciego que el que no quiere ver.

No importa el color del partido que esté en el gobierno. Importan las personas que gobiernan. Importa si cumplen las promesas que hicieron a título personal.

Vuelvo a preguntar: ¿alguien puede hacer algo con el tema del agua?

Hasta la próxima!

martes, 12 de octubre de 2010

Opinión: Drogas



Un tema que polariza en automático el discurso político y social es el de las drogas y su legalización. Se está a favor o se está en contra. Aquí no parece haber medias tintas. Las razones que se esgrimen son de todos colores y sabores. Ingenuos, realistas, hipócritas, violentos y demás adjetivos, parecen ser los calificativos que se intercambian ambos bandos. ¿Quién tiene la razón? Tal vez, todos. Depende, creo, de las creencias propias o de grupo que se tengan sobre este tema.

Independientemente de la posición que se sostenga, una realidad inocultable es el grado de violencia que se vive en prácticamente todo el país a causa de la lucha contra las drogas. ¿Seguimos con la estrategia de cero tolerancia y guerra a muerte contra los cárteles sin importar la descomposición del tejido social que provoca la violencia? ¿Hasta dónde estamos dispuestos a seguir con esta dinámica?

No soy experta en el tema pero de las simple observación me queda muy claro que debemos buscar otra forma de hacer las cosas.

Se me ocurre que el problema central es que al intentar combatir la ilegalidad con legalidad, el gobierno ha tenido que jugar como visitante en la cancha del narcotráfico. Después de todo, romper las reglas es más fácil que hacerlas cumplir.

¿Qué pasaría si ambos jugaran en el campo de la legalidad? ¿No es ahí donde el Estado tiene las de ganar? ¿No es ese -al menos en teoría- el juego donde el gobierno lleva mano? ¿No es la formalidad la que permite conocer la realidad de los problemas y aplicar programas de salud o soluciones viables? ¿No es más civilizado el pleito con los instrumentos que la ley otorga antes que con la fuerza de las armas? ¿No es más práctico subir la venta y el consumo de drogas al ámbito legal antes que intentar acabar con él a sangre y fuego?

Si se trata de demostrar quién es más violento, el Estado no tiene mucho que hacer frente al crimen organizado porque la violencia ilegítima, al no tener límites, siempre será superior.

Yo digo: legalicemos para jugar en igualdad de circunstancias. ¿Ustedes qué opinan?


jueves, 7 de octubre de 2010

¿Paso chueco?

No quiero convertir este blog en una sala de quejas, pero últimamente los problemas parecen desbordados en Acapulco. Acabo de llegar a mi casa después de pasar un buen rato de disgustos por el tráfico que provocan las obras del ayuntamiento (que me tienen harta), así que el tono de mis palabras hoy no escapará a la queja y el reclamo.

Yo no sé qué opinen ustedes sobre el dichoso Paso Bicencentario, pero a mi me tiene cansada y diría, muy preocupada. Al problema vial que tantos dolores de cabeza ocasiona, se suma el de las transas y su supuesta mala construcción. Demasiado caos. 

Intento verle el lado bueno a la administración municipal actual de Acapulco, pero honestamente no dejo de encontrar broncas, baches y demás problemas que, para mi mala suerte, siempre van acompañados de la foto de Manuel Añorve promoviéndose para gobernador. Es Ley de Murphy: veo algo mal e inmediatamente pasa un coche o hay un letrero con la flamante figura de nuestro ex-presidente-por-un-año. Mi risa comienza a convertirse en molestia.

La nota que se publicó ayer en La Jornada de Guerrero es de preocupar. Si desde ahora se habla de irregularidades y mala construcción del Paso Bicentenario, ¿tenemos que esperar a que pase una tragedia para que las autoridades hagan algo? ¿Seguirán con la construcción por fines meramente electorales?

Cada día me convenzo más que a nuestros gobernantes sólo les importan sus ambiciones personales. La gente les vale un comino. La pregunta para nosotros los ciudadanos es: ¿qué hacemos?

Hasta el próximo post.

lunes, 4 de octubre de 2010

Tiempos de inseguridad en Acapulco.

El secuestro masivo de michoacanos parece una historia de película. ¿Cómo se secuestra a 20 personas a plena luz del día sin que la autoridad mueva un dedo? ¿Qué está pasando? ¿Hasta dónde ha llegado la inseguridad en Acapulco?

La nota la cubrió prácticamente toda la prensa local. Mientras la leía me preguntaba: ¿y dónde están las autoridades? Del sentimiento de vulnerabilidad, pasé a un coraje incontenible cuando, frente a mi, pasaron dos camionetas con enormes calcomanías con la figura de Manuel Añorve -nuestro ex-presidente municipal, hoy más preocupado por ser gobernador que por responder a las necesidades de los ciudadanos- promocionando su figura y "Tiempos mejores para Guerrero".

Perdonarán mis amigos priístas si mis alegatos les desagradan, pero creo que esto es más importante que una elección. Quienes asumen los impactos negativos de la violencia y la inseguridad somos nosotros, los ciudadanos, no los políticos. ¿Cuántos asaltos, robos, homicidios, secuestros y demás delitos se comenten día a día sin que nuestras autoridades hagan algo? ¿Acaso no fueron electos para mejorar las condiciones de vida de las comunidades que gobiernan?

La semana pasada asaltaron a dos amigos míos y uno de ellos presenció cómo "levantaron" a un señor en plena calle. No somos ni nos hacemos tontos. Son momentos de exigir que nuestros gobernantes cumplan con su trabajo. La capacidad se demuestra con hechos, no con promesas. El nivel de violencia en Acapulco está cada vez peor y no se vislumbra ninguna intención de nuestras autoridades para controlarlo.

Las promesas no valen cuando los hechos las contradicen.

Hasta el próximo post.

viernes, 1 de octubre de 2010

Nuestras historias

¿Cuáles son las historias que estamos escribiendo sobre Guerrero? ¿Alguna vez se han preguntado cómo es que contamos nuestra vida como personas, comunidad, Estado y/o país? ¿Cómo nos vemos a nosotros mismos? Estoy convencida que las palabras y los pensamientos crean realidades. Es ahí donde está el origen del mundo que hoy tenemos, por tanto, es ahí donde podemos comenzar a trabajar para cambiar las cosas.

Hace unos días, por recomendación de un amigo, vi uno de los famosos videos TED en el que una chica escritora africana (Chimamanda Adichie) habla sobre "El peligro de una sola historia" o de una historia única. Sus palabras me sacudieron porque revelaron para mi una verdad personal que intuía, pero que nunca habría podido poner en palabras con tanta claridad.

Vi el video varias veces.  Me conmovió la fuerza de sus argumentos y la honestidad de sus ideas y testimonios. Comencé a cuestionar muchas de los textos que en otros momentos de mi vida escribí montada sobre estereotipos e ideas preconcebidas que, hoy comprendo, cierran la posibilidad de reconocernos como iguales, porque el problema con los estereotipos, en palabras de Chimamanda, no es que sean falsos sino que son incompletos. Hacen de una sola historia la única historia.

Comencé preguntando cúales son las historias que escribimos sobre Guerrero porque encuentro que muchas de ellas son meras apologías de violencia, tragedia, pobreza... Si, como dije, las palabras y los pensamientos crean realidades, ¿no será que debemos comenzar a vernos, narrarnos y contarnos de otra forma? No se trata de inventar historias falsas, se trata de reconocer nuestros problemas, pero también nuestros talentos y riquezas.

Antes de que continúe descomponiéndose el ambiente político y social en función de la elección que viene, es un buen momento para voltear a vernos y comprender que gane quien gane, todos estamos en el mismo barco. La pelea es por decidir quién conducirá la nave y tal decisión está en nuestras manos.

Propongo que el parámetro, más allá de colores y partidos, sean los niveles de armonía y paz que puedan "garantizar" los grupos que pretenden alcanzar el poder, y que son básicos para lograr sociedades prósperas. Quien insista en usar la violencia, la intolerancia y el ánimo vengador como formas de hacer política, no merece recibir la estafeta para gobernar.

Basta de tanta descalificación. Basta de términos peyorativos. Basta de historias únicas.

Aquí está el video TED. Dénse tiempo para verlo. Para los políglotas, pueden verlo subtitulado en varios idiomas.

Hasta la próxima!